Si le preguntaras a la gente qué pensaban que los motivaba a trabajar, muchos dirían dinero, diversión, pasión o algo por el estilo. Sin embargo, la ciencia dice algo totalmente diferente, y el economista conductual Dan Ariely está dispuesto a demostrarlo.
Es hora de darse más crédito: las razones por las que trabajamos son mucho más complicadas. O, como explica Ariely, no solo somos ratas de laboratorio que seguimos ciegamente un laberinto buscando dinero en efectivo.




